La jornada final de la temporada 1976-77 en la Segunda División dejó una huella imborrable en la historia del fútbol español. En ese partido, el Real Jaén y el Sporting de Gijón se enfrentaron en el campo del Molinón, donde el equipo andaluz, con la dirección de Vicente Miera, ya había asegurado su ascenso a Primera División. Por su parte, el Real Jaén, que ocupaba el cuarto puesto en la tabla, no tenía nada que ganar ni perder, lo que convirtió el encuentro en un mero trámite para ambos conjuntos.
En ese contexto, el Real Jaén decidió alinear a dos porteros durante el partido, lo que resultó ser una decisión singular. Marco, uno de los porteros, fue el encargado de asistir a su compañero Ángel en el primer gol del partido antes de ser sustituido en el minuto 57 por Totó. La casualidad quiso que Marco también marcara un gol tras un córner, contribuyendo así a la victoria del equipo jiennense, que finalizó el partido con un 2-0 a su favor gracias al otro tanto anotado por Calabuig.
Durante esa temporada, el equipo jiennense mostró un gran potencial, destacando en sus filas a jugadores como Paco Flores, quien había llegado cedido del Espanyol, y Ángel del Real Madrid. Además, emergentes talentos como Aguinaga, quien debutaría como portero, completaban un equipo que soñaba con el ascenso. Sin embargo, el entrenador, Manolo Ruiz Sosa, se debatía entre cumplir sus promesas a los porteros y mantener la competitividad del equipo en el campo. Al final, decidió alinear a ambos, creando una situación única que atrajo la atención mediática.
La noticia de que dos porteros jugaran simultáneamente en un equipo fue un suceso excepcional que se convirtió en el tema de conversación no solo en Linares, sino en todo el país. El Carrusel Deportivo de la Cadena SER cubrió la historia, y todos los ojos estaban puestos en el Telediario para ver a Marco desempeñarse como delantero. Esta inusual alineación no solo destacó por su singularidad, sino también por la habilidad de Marco para adaptarse a una posición fuera de su habitual rol de portero.
A través de los años, el impacto de ese partido ha perdurado en la memoria de los aficionados. El partido se celebró en un contexto en el que el Real Jaén ya había estado cerca de ascender a Primera en varias ocasiones, y la alineación de dos porteros fue vista como un símbolo de la audacia y la originalidad del fútbol andaluz. La decisión de Sosa de alinear a ambos porteros fue percibida como un acto de compromiso hacia sus jugadores, culminando en un espectáculo que capturó la atención del público.
Entre los jugadores que se destacaron en ese partido, varios terminaron teniendo un recorrido en el fútbol almeriense. Por ejemplo, Monterde y Marco llegaron a jugar en la UD Almería, mientras que Paco Flores se convertiría en uno de los entrenadores más exitosos del club. La historia de ese encuentro en Gijón se entrelaza con la evolución del fútbol en la región, reflejando no solo la pasión de sus jugadores, sino también el fervor de unos aficionados que siguen recordando con cariño esos momentos históricos.
El compromiso de Marco y Aguinaga con el equipo fue tangible, y su actuación en el partido se convirtió en una anécdota que se cuenta a menudo en el entorno futbolístico de Andalucía. No solo marcó un hito en la historia del Real Jaén, sino que también dejó una lección sobre la importancia de la lealtad y el trabajo en equipo, valores que siguen siendo fundamentales en el deporte.
Hoy, el legado de aquel partido aún resuena en Linares, donde el espíritu del fútbol sigue vivo. Aunque el contexto ha cambiado y las dinámicas del deporte también, las historias de valentía y originalidad como la de la alineación de dos porteros permanecen como un testimonio del carácter único del fútbol andaluz. La memoria de esos jugadores y su atrevimiento resuena en cada rincón de la región, recordándonos que a veces, la historia se escribe con decisiones inesperadas y audaces.

























