El investigador y docente Manuel Carneiro ha presentado recientemente el informe titulado ‘AgroSmart Tech Andalucía’ en la sede de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA). Durante su intervención, Carneiro abordó el estado actual de la innovación en el sector agroalimentario andaluz, así como su potencial como motor económico en el futuro.
En su análisis, resaltó la existencia de un ecosistema propio en la región, afirmando que «Andalucía cuenta con un modelo de innovación para el sector agroalimentario que es, al menos, llamativo y referencial.»
El estudio, respaldado por Economía Digital y apoyado por Banco Sabadell, tiene como objetivo principal ofrecer una radiografía de las capacidades dinámicas de la comunidad ante los desafíos del mercado global. Según los datos presentados, Andalucía ha ascendido en el ranking nacional de inversión en innovación, pasando de la cuarta a la tercera posición, superando al País Vasco.
Enfocado en el sector agroalimentario, el informe indica que este ocupa el primer puesto en tamaño y volumen de empleo a nivel nacional. Este sector representa más del 20% del valor agregado del grupo agroalimentario español y sus exportaciones alcanzan el 36% del total de las ventas al exterior de la comunidad. Sin embargo, a pesar de su liderazgo en producción, el nivel de innovación se mantiene en una zona media-baja, con un gasto total en este ámbito del 5% y apenas un 0,5% intrasectorial.
Para cerrar esta brecha, ‘AgroSmart Tech’ ha identificado 7 retos inmediatos que el modelo agroalimentario andaluz debe abordar. Entre ellos, Carneiro subrayó la necesidad de adaptarse a la normativa vigente, fomentar la sostenibilidad y la economía circular, así como impulsar la interdependencia entre sectores. Asimismo, hizo hincapié en la importancia de canalizar inversiones hacia la digitalización y el modelo agroindustrial 4.0, junto con la inclusión de criterios de eficiencia en los procesos administrativos para facilitar el acceso a las ayudas públicas.
El informe propone también 5 medidas para consolidar este ecosistema competitivo. Primero, se sugiere establecer una estrategia adaptada al territorio completo, teniendo en cuenta las variaciones operativas entre provincias. En segundo lugar, se insta a promover la colaboración y la transferencia de conocimientos. La tercera medida enfatiza la necesidad de incrementar la inversión en innovación, maximizando los fondos de la Política Agraria Común (PAC) y otras fuentes europeas. La cuarta propone articular el sistema de manera integral y la quinta sugiere asentar las actividades cotidianas en la ciencia de la innovación.
Carneiro también defendió la urgencia de aplicar una visión holística en el sector agroalimentario. Este enfoque, en consonancia con las directrices europeas conocidas como «del campo a la mesa», requiere conectar de manera estructurada los tres eslabones de la cadena de valor: el sector primario, la industrialización y la comercialización.
El estudio ha sido denominado ‘Ecosistema AgroSmart Tech para Andalucía’ (EASTA). Carneiro valoró positivamente las herramientas institucionales disponibles para su apoyo, haciendo mención especial a la tramitación de la Ley para el Avance de la Ciencia, la Tecnología e Innovación para Andalucía (Ley Activa). Esta normativa es considerada como «pionera» en España para ordenar el ecosistema autonómico, aunque advirtió que, a pesar de la existencia de medidas e iniciativas, «generar un ecosistema coordinado de innovación» es «justamente lo que falta» para maximizar los resultados.
En cuanto a las vías de desarrollo futuras, Carneiro enumeró las tendencias innovadoras que deberían guiar el proceso de modernización. Destacó la robotización, la sensórica y la monitorización, así como la gestión informatizada de los datos y la implementación de sistemas autónomos para garantizar la trazabilidad en toda la cadena. Además, abogó por promover la sostenibilidad pasiva, un enfoque orientado a la optimización de costos en lugar de un aumento exclusivo de la inversión de capital.

























