El Linares Deportivo ha atravesado un periodo de adaptación y búsqueda de su identidad en el competitivo Grupo IV de la Segunda Federación durante las últimas temporadas. Desde el invierno de 2024 hasta 2026, el equipo ha seguido dos enfoques distintos, aunque los resultados han sido parecidos. Con dos entrenadores en el banquillo, el club ha conseguido mantenerse en la categoría, aunque aún no ha logrado dar el salto hacia la lucha por el ascenso.
La etapa de reconstrucción se inició con Pedro Díaz, quien asumió el cargo en diciembre de 2024 cuando el equipo se encontraba en una situación precaria tanto en el plano emocional como en el clasificatorio. En ese momento, el Linares ocupaba la decimotercera posición, acumulando 21 puntos, con seis victorias y ocho derrotas, lo que generaba preocupación por un posible descenso. La situación requería más un enfoque de supervivencia que de ambición.
Pese a las adversidades, Pedro Díaz logró cambiar el rumbo del equipo gracias a un enfoque metódico y competitivo. Al finalizar la temporada 2024-2025, el Linares alcanzó la novena posición con 48 puntos y un saldo goleador positivo (+2), lo que no solo alejó los temores de descenso, sino que también permitió mirar hacia la zona de promoción, que se encontraba a solo siete puntos.
En enero de 2026, Miguel de la Fuente tomó las riendas del equipo en una situación semejante a la del año anterior. En esa ocasión, el Linares era duodécimo con 26 puntos tras 19 jornadas, y necesitaba reaccionar para no caer en la irrelevancia competitiva. Su debut fue esperanzador, con una victoria convincente por 3-1 contra el filial de la UD Almería, lo que generó optimismo entre los aficionados.
No obstante, el progreso se encontró pronto con sus limitaciones. A pesar de mantener un rendimiento competitivo, el Linares no logró acercarse a los puestos de promoción. La temporada terminó con el equipo en octava posición, acumulando 47 puntos, una cifra apenas inferior a la del curso anterior, pero con una serie de matices que complican la interpretación del rendimiento.
El ciclo bajo la dirección de Miguel de la Fuente se caracterizó por una irregularidad que se tradujo en una diferencia de goles negativa (-3) y un total de 45 goles encajados, lo que resultó ser un peso demasiado grande para mantener la aspiración al ascenso en una categoría donde la solidez defensiva es crucial.
La comparación entre ambos periodos pone de manifiesto una paradoja. El Linares ha alcanzado una estabilidad que parecía inalcanzable hace no mucho tiempo, alejándose de las oscilaciones en la clasificación y estableciéndose como un equipo sólido dentro de la categoría. Sin embargo, los números también reflejan un estancamiento en su competitividad. Ni el impulso inicial de Pedro Díaz ni el cambio a Miguel de la Fuente han sido suficientes para reducir la distancia con la zona de play-off, que finalizó a ocho puntos esta temporada.
De cara al futuro, el próximo proyecto del club deberá enfocarse en recuperar una defensa sólida como punto de partida. Aunque el Linares ya no se encuentra en una situación de urgencia por salvarse, todavía no ha encontrado el estilo de juego necesario para dejar atrás la mediocridad y competir realmente por el ascenso junto a los equipos que normalmente pelean por ello.




























