El sector del olivar tradicional en Jaén se enfrenta a un momento crítico que trasciende simplemente los precios del aceite. Un reciente estudio indica que el modelo actual, caracterizado por un minifundismo extremo, presenta serias ineficiencias que amenazan su sostenibilidad. Según los datos, el 72% de las parcelas en esta región no supera una hectárea, lo que implica dificultades significativas para la rentabilidad.
A lo largo de los años, este sistema ha permanecido a flote gracias al autoempleo familiar no remunerado, lo que enmascara el verdadero «Coste Real» de producción, que se sitúa en 4,98 euros/kg. Esto contrasta notablemente con el «Coste Aparente», que se limita a los gastos directos y se estima en 2,98 euros/kg.
Los expertos concluyen que esta falta de rentabilidad es un obstáculo crucial que impide el relevo generacional en el sector, ya que los jóvenes no están dispuestos a trabajar sin una remuneración justa. Para abordar esta problemática, el estudio sugiere diversas herramientas y estrategias de profesionalización, entre las que destaca el Método OliCost. Esta metodología innovadora mide ineficiencias utilizando el tiempo como unidad de análisis, evaluando desde el tiempo efectivo de trabajo hasta las «horas muertas» ocasionadas por los desplazamientos entre parcelas dispersas. Se ha demostrado que la gestión de pequeñas parcelas puede incrementar los costos de producción en un 22% y el consumo de combustible en un 46%.
Además, el estudio propone que las cooperativas actúen como gestoras del territorio, ya que las soluciones individuales han alcanzado su límite. Se sugiere que estas cooperativas avancen hacia plataformas de gestión estratégica mediante tres vías fundamentales: el Arrendamiento Zonal Cooperativo (ARZ) para la agrupación de parcelas, la Sección de Gestión de Fincas (SGF) para centralizar labores y compras, y la Sección de Transformación Zonal (STF) para liderar la reconversión colectiva de las fincas.
El análisis concluye que la supervivencia del olivar en Jaén requiere un cambio radical en la manera en que los agricultores gestionan sus tierras. En vez de depender de «retales de tierra» de manera aislada, se debe fomentar un modelo de gestión compartida y profesionalizada. «Solo mediante la unión y la adopción de tecnología para medir ineficiencias, el sector podrá transformarse en una industria verde y rentable que garantice un futuro digno para las próximas generaciones”, afirman los especialistas.
La situación del olivar no solo impacta a los agricultores, sino que tiene implicaciones profundas para la economía regional de Jaén. La producción de aceite de oliva es un pilar fundamental en la comarca, afectando a numerosas familias y generando empleo en la zona. Es esencial que, ante el desafío actual, se busquen soluciones innovadoras que no solo preserven este patrimonio agrícola, sino que también impulsen su modernización y competitividad en el mercado global.
El futuro del olivar jienense depende de la capacidad de adaptación y evolución del sector. La implementación de estrategias efectivas y la colaboración entre agricultores, cooperativas y entidades locales son claves para asegurar la viabilidad de esta tradición milenaria. Con un enfoque renovado, el olivar podría no solo sobrevivir, sino también prosperar, contribuyendo así a una Andalucía más sostenible y próspera.
