El sector agrícola en la provincia de Jaén enfrenta una grave crisis de empleo, especialmente en el cultivo del olivar, que ha visto descender su mano de obra en un 26% en los últimos siete años. Esta tendencia se refleja en un estudio de Greenpeace que señala que Andalucía ha perdido un total de 178.957 empleos agrarios, representando una reducción del 19,53% en el sector, con provincias como Córdoba y Málaga mostrando caídas similares. La mecanización y la falta de relevo generacional se identifican como las principales causas de esta problemática.
El informe destaca que, en el caso del aceite de oliva, uno de los productos más emblemáticos de la región, el precio no ha superado los 4,5 euros por litro en origen, mientras que las organizaciones agrarias señalan que el coste de producción ronda los 5 euros. Francisco Elvira, secretario general de COAG Jaén, afirmó que el aumento de los gastos en energía y mano de obra ha hecho que la rentabilidad del cultivo sea cada vez más complicada. “El único método que hemos encontrado para hacer más rentable nuestras explotaciones es reducir gastos, y la mejor forma es la inversión en maquinaria”, subrayó Elvira.
La mecanización se ha vuelto esencial, especialmente en la recolección de aceitunas, donde tecnologías como las ‘pinzas’ o vibradores que se conectan a tractores están reemplazando los métodos tradicionales. Ignacio Rojas, un agricultor de la zona, comentó que su decisión de mecanizar le ha permitido gestionar un 90% más de hectáreas, aunque no ha reducido el número de jornales, lo que refleja una adaptación necesaria al mercado actual.
Sin embargo, esta evolución hacia la maquinaria ha tenido un impacto negativo en las oportunidades laborales para trabajadores no cualificados, lo que ha llevado a muchos a migrar a otras áreas en busca de trabajo. Esta situación ha contribuido a la despoblación en Jaén, que ha perdido 9.425 habitantes en los últimos cinco años, alcanzando un total de 618.143 en 2025, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
El fenómeno de la falta de relevo generacional también agrava la crisis. Muchos agricultores veteranos no encuentran en sus descendientes la disposición para continuar con la explotación familiar, lo que les lleva a vender o arrendar sus tierras. Un caso representativo es el de Juan, quien, a los 63 años, ha enfrentado la jubilación y no ve un futuro viable para sus fincas, ya que sus hijos prefieren empleos en otras áreas.
La situación es aprovechada por grandes propietarios y empresas, que están adquiriendo tierras agrícolas. En Jaén, el 12% de la superficie cultivada pertenece a sociedades mercantiles, un porcentaje inferior al de otras provincias como Cádiz o Sevilla. Greenpeace aboga por un enfoque en el olivar ecológico como una solución viable, resaltando que este modelo podría generar mayores ingresos y contribuir a la estabilidad de la población en el territorio.
En resumen, el futuro del sector agrícola en Jaén es incierto, marcado por la necesidad de adaptarse a las demandas del mercado sin olvidar la importancia de conservar el empleo local. La mecanización parece ser una solución necesaria, pero no exenta de consecuencias, lo que plantea un dilema sobre cómo equilibrar la innovación y la sostenibilidad en el campo.




























