El obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, presidió el pasado 3 de mayo una emotiva celebración en la parroquia de La Encarnación de Bailén, en la que se conmemoraron los 110 años de la presencia y servicio de las Hijas de la Caridad en la localidad. La ceremonia, marcada por el agradecimiento, reunió a la comunidad educativa, fieles y vecinos que se unieron para rendir homenaje a esta congregación.
El acto religioso fue concelebrado por el párroco de la localidad, D. Manuel Ángel Castillo; el vicario parroquial, D. Fernando Ruano; y el secretario particular del obispo, D. Francisco Javier Cova, así como dos seminaristas naturales de Bailén, Antonio Pradas y Francisco Jesús Comino. Durante la homilía, el obispo destacó la dedicación constante de las religiosas, subrayando su labor en ayuda de los más necesitados y su compromiso con la comunidad bailenense. Desde su llegada a Bailén en octubre de 1916, han sido un testimonio de caridad y servicio, primero en la atención sanitaria y posteriormente en el ámbito educativo con el Colegio Sagrado Corazón.
El obispo también hizo hincapié en las lecturas del día, mencionando el crecimiento de la primera comunidad cristiana en los Hechos de los Apóstoles y la elección de hombres “llenos de espíritu y de sabiduría” para atender las necesidades de todos. Comparó esto con la labor de las Hijas de la Caridad, que han sido manos que cuidan y corazones que acogen a los más vulnerables.
En el Evangelio de Juan, Don Sebastián citó a Jesús, recordando sus palabras: “No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí”, así como a Santa Teresa, quien decía: “Nada te turbe, nada te espante, sólo Dios basta”. En este contexto, el obispo afirmó que “no celebramos un final, celebramos una siembra, una larga siembra de Evangelio”, refiriéndose a la despedida de las Hijas de la Caridad tras más de un siglo de servicio en Bailén.
El prelado resaltó que estos 110 años han sido “una historia de entrega y fecundidad”, caracterizada por generaciones de religiosas que han evidenciado “el amor preferencial de Dios por los pobres, por los pequeños y por quienes más necesitan consuelo”. A pesar de los cambios en la sociedad y la educación, las hermanas han mantenido una “fidelidad creativa”, educando corazones y sembrando esperanza.
El obispo reconoció la decisión de cerrar la comunidad como “dolorosa, pero realista”, en un contexto de descenso de vocaciones. Sin embargo, enfatizó que “la historia de la Iglesia no se rige por la nostalgia, sino por la providencia y la esperanza”. Afirmó que el legado de las Hijas de la Caridad “no se pierde, permanece en las vidas, en la fe de las familias y en la memoria agradecida del pueblo”, animando a todos a continuar su misión desde la vivencia del Evangelio.
En un tono espiritual, el obispo recordó que “vivimos tiempos de corazones turbados”, pero que Cristo ofrece algo más profundo que soluciones fáciles: “no elimina la cruz, pero la transfigura en camino de vida”. En su homilía, subrayó que “Cristo no propone un camino, Él mismo es el Camino”, y que sólo en Él se encuentra la verdad y la vida plena.
Al concluir la celebración, el ambiente se tornó especialmente emotivo durante los momentos de agradecimiento, donde se hicieron gestos de cariño y reconocimiento hacia las religiosas. Las Hijas de la Caridad, visiblemente emocionadas, expresaron su gratitud por el apoyo brindado a lo largo de los años. El obispo instó a que, a pesar de su marcha, el centro educativo continúe su labor y que las religiosas desde Baeza sigan rezando por Bailén.
La eucaristía finalizó con una foto de familia del obispo con las religiosas, la comunidad educativa y la asociación de la Medalla Milagrosa. Se pidió al dueño de la mies que continúe enviando vocaciones a la vida religiosa, bajo la intercesión de San Vicente de Paul y Santa Luisa de Marillac, quienes han sido protectores de la congregación de las Hijas de la Caridad.
