Los ecos de unos gritos perturbadores resonaron en la tarde de un día en la ciudad de Linares. La inquietante voz de una mujer joven, clamando por ayuda, logró atravesar las paredes de una vivienda y llegar a oídos de los transeúntes. Aunque los gritos no eran constantes, su claridad despertó la preocupación de quienes se encontraban cerca.
Al recibir el aviso, la Policía Nacional se presentó en la puerta de la casa. Allí, un hombre y una mujer les aseguraron que todo estaba en orden. Sin embargo, la situación pronto se tornó más compleja cuando los agentes volvieron a escuchar los gritos provenientes del interior de la vivienda. Al ingresar, descubrieron a un hombre robusto arrodillado sobre la cama, inmovilizando a una mujer, a quien le sujetaba las muñecas y le tapaba la boca para silenciarla. La joven, visiblemente angustiada, tenía marcas en su cuerpo y mostraba signos de shock.
La mujer, de 27 años, relató a los policías que había estado retenida en casa de sus padres durante 22 días. El agresor era su tío, quien había viajado específicamente para “curarla”. La familia creía que la joven estaba poseída y que su reciente separación de pareja era un síntoma de una influencia demoníaca. La situación escaló en un ritual, donde se intentó realizar un exorcismo utilizando suras del Corán y rezos repetidos, con el fin de expulsar lo que consideraban un mal.
La joven, que había llegado a Linares desde el Reino Unido, narró que al cruzar la puerta de la casa de sus padres inició un encierro. Sus familiares llegaron a cerrar la vivienda con llave para evitar que escapara. Cuando la Policía intervino, ella estaba asustada y repetía que llevaba semanas en esa situación, obligada a someterse a un ritual que buscaba expulsar un supuesto demonio.
La intervención policial resultó en la detención de tres personas: sus padres y su tío, todos de origen paquistaní. A pesar de la gravedad de las acusaciones, estos aseguraron que su intención era ayudar a la joven y no hacerle daño. La Fiscalía calificó el caso inicialmente como detención ilegal y solicitó una pena de ocho años para cada uno de los acusados.
Sin embargo, el proceso judicial se complicó. Dos años después, durante el juicio en la Audiencia Provincial de Jaén, la joven no se presentó y no ofreció declaración ni reclamó indemnización. Este silencio fue crucial y llevó a la Fiscalía a retirar la acusación por detención ilegal, manteniendo únicamente el cargo de maltrato en el ámbito doméstico. Los padres, asistidos por traductores, negaron cualquier tipo de agresión, argumentando que solo intentaban “curarla”.
A pesar de los testimonios de los agentes sobre la situación violenta que presenciaron, el caso no avanzó en los tribunales. Finalmente, se llegó a un acuerdo que resultó en una condena de siete meses de prisión para cada uno de los tres acusados, por el delito de maltrato. La indemnización que se había establecido en 3.250 euros quedará pendiente de resolución en la ejecución de la sentencia.
El desenlace de este caso deja en evidencia la complejidad de las creencias culturales y la violencia en el ámbito familiar. En este contexto, se plantea la pregunta sobre cómo una mujer adulta puede ser sometida a tal situación bajo la justificación de una supuesta necesidad de sanación. La historia pone de manifiesto que, lejos de demonios, existía una mujer atrapada por las expectativas y creencias de su entorno. En total, fueron 22 días de sufrimiento en los que nadie pudo o quiso intervenir para liberarla.





























