Recientemente, en el cuartel de la Guardia Civil ubicado en Bailén, provincia de Jaén, ha surgido una inquietante situación relacionada con el bienestar de los perros que forman parte de este cuerpo de seguridad. Según la denuncia del Partido Animalista PACMA, cuatro de estos animales —dos pastores alemanes, un pastor belga malinois y un labrador retriever— viven en condiciones que comprometen su salud y su bienestar.
Javier Luna, quien ocupa la presidencia de PACMA, ha utilizado sus redes sociales para dar a conocer esta problemática. En su mensaje, señala que los perros, en lugar de ser considerados seres vivos con derechos, son vistos como meras «herramientas» dentro de una estructura institucional que no asegura su bienestar. Esta situación resalta una contradicción, ya que estos animales son fundamentales en diversas operaciones de la Guardia Civil, como la lucha contra el narcotráfico y la detección de sustancias peligrosas.
Los perros desempeñan roles esenciales tanto en la protección de la ciudadanía como en la conservación del medio ambiente, participando en operativos antidroga y ayudando a localizar cebos envenenados que pueden dañar la fauna silvestre. Sin embargo, las instalaciones donde se alojan no cumplen con los mínimos estándares de bienestar animal. Las denuncias indican que, aunque se les reconoce como «colaboradores imprescindibles», las condiciones en las que viven son inadecuadas.
Imágenes y videos compartidos por PACMA muestran cheniles en estado deplorable, con suelos constantemente húmedos y signos evidentes de deterioro, lo que podría provocar problemas de salud como infecciones o dolor articular en los animales. Diagnósticos veterinarios han corroborado la presencia de hongos, artrosis y tendinitis en algunos de ellos.
Luna ha calificado esta situación de «abandono institucional», enfatizando que estos animales, cruciales para el funcionamiento diario de la Guardia Civil, son tratados como simples utensilios. En sus palabras, «no es necesario en el contexto actual de desarrollo tecnológico utilizar perros para estos trabajos. Los animales no están a nuestro servicio». Esta postura abre un debate más amplio sobre el uso de animales en funciones policiales, especialmente cuando existen alternativas tecnológicas que podrían asumir muchas de sus tareas.
El partido ha solicitado explicaciones inmediatas al Ministerio del Interior, que supervisa a la Guardia Civil, pidiendo una revisión de las condiciones de vida de estos perros y una mejora en los recursos disponibles para su cuidado. Sin embargo, hasta el momento no ha habido respuesta oficial; solo se ha comunicado que las quejas deben ser gestionadas a través de canales internos, generando un «limbo burocrático» que dificulta una solución eficaz.
Esta denuncia ha reavivado el debate sobre la responsabilidad del Estado en lo que respecta al bienestar de los animales, especialmente de aquellos que desempeñan roles de servicio, cuya labor beneficia directamente a la sociedad. Al mismo tiempo, se plantea la necesidad de replantear el papel de los animales en cuerpos de seguridad, con un creciente número de voces que abogan por sustituirlos por tecnologías avanzadas de detección.
De este modo, se destaca que la evolución tecnológica debería ir acompañada de un progreso ético y moral, respetando los derechos de todos los seres sintientes. La situación de estos perros de la Guardia Civil no solo plantea preguntas sobre los estándares de bienestar animal, sino que también invita a una reflexión profunda sobre el uso de tecnología en la seguridad pública y su impacto en la vida de los animales que son parte de este sistema.
