La historia de las coaliciones en la izquierda española ha estado marcada por numerosos intentos de unión y fracasos significativos. Desde las primeras alianzas, como la que formaron el PSOE de Joaquín Almunia y la Izquierda Unida de Paco de Frutos en el año 2000, hasta las más recientes iniciativas, el debate sobre cómo consolidar este espacio político se mantiene vigente. Este fenómeno ha sido especialmente relevante en cada legislatura, donde surge la pregunta de cómo reorganizarse para lograr un mayor apoyo en las urnas.
Recientemente, el portavoz de Esquerra en el Congreso, Gabriel Rufián, ha propuesto una nueva alianza que incluye a Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Comuns y Más Madrid. Este relanzamiento se llevará a cabo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el 20 de enero, y busca fortalecer la posición de la izquierda de cara a las próximas elecciones generales. Sin embargo, la reunión llega con ausencias notables, como la de Yolanda Díaz, quien ha decidido no asistir para no interferir en el debate sobre el futuro liderazgo de la coalición.
Las incógnitas persisten, sobre todo en relación a la influencia de Podemos en esta nueva formación. Pablo Simón, profesor de Ciencia Política en la Carlos III de Madrid, destaca que «Podemos es el elefante en la habitación». Este partido celebró recientemente su Consejo Ciudadano Estatal, donde su secretaria general, Ione Belarra, rechazó el plan de Rufián, argumentando que los «cálculos electorales» podrían resultar en un «barrido de la izquierda».
El debate que ha suscitado Rufián se centra en cómo aglutinar a las diversas formaciones de izquierda, incluidas las nacionalistas y soberanistas, para evitar que se dividan los votos. «¿Qué sentido tiene que 14 izquierdas defendiendo lo mismo compitamos entre nosotros?», fue una de las frases más discutidas durante su acto en Madrid. Su intención es «ganar provincia a provincia a Vox», lo que implicaría presentar listas que aseguren el máximo número de votos en cada circunscripción.
Sin embargo, este enfoque ha encontrado resistencias, incluso dentro de su propio partido, Esquerra, así como de EH Bildu, BNG y Podemos. Según Pablo Simón, la izquierda siempre ha estado más fragmentada que la derecha debido a su historia de divisiones, lo que complica cualquier intento de unir fuerzas para las elecciones.
Mirando hacia el pasado, la primera gran coalición de la izquierda se remonta al año 2000, cuando el PSOE y la Izquierda Unida intentaron unir fuerzas para hacer frente al Partido Popular de José María Aznar. A pesar del esfuerzo, la estrategia resultó en una disminución de los apoyos para ambos partidos, lo que llevó a la dimisión de Almunia como secretario general del PSOE.
El contexto social en España ha cambiado drásticamente desde entonces, especialmente tras la crisis económica de 2008, que dio lugar al movimiento del 15-M y al surgimiento de Podemos. Este partido, bajo el liderazgo de Pablo Iglesias, introduce un discurso centrado en la lucha contra la corrupción y las políticas de austeridad. En las elecciones europeas de 2014, Podemos logró captar la atención del electorado, pero su crecimiento ha estado lleno de altibajos.
En los comicios de 2015, las elecciones resultaron en un Congreso fragmentado, y a pesar de los intentos de aliarse con Izquierda Unida, la falta de apoyo condujo a una pérdida de votos en las siguientes elecciones de 2016. En 2019, la creación de Unidas Podemos parecía ofrecer una nueva oportunidad, aunque también se vio afectada por la salida de partidos como Más País.
En un contexto reciente, las elecciones autonómicas de 2023 llevaron a Podemos a actuar de manera independiente, lo que resultó en la pérdida de representación en varios parlamentos. Posteriormente, se unió a Sumar, liderado por Yolanda Díaz, aunque su colaboración fue breve, ya que la tensión interna llevó a su separación y a la creación del Grupo Mixto en el Parlamento.
El evento del 20 de enero busca servir como un punto de inflexión para rearticular la izquierda, a pesar de las tensiones que persisten. Pablo Simón advierte que, sin una fuerza unida, el sistema electoral penaliza a estas formaciones, lo que sugiere que la situación actual podría ser un indicativo del final de un ciclo político en la izquierda española.
