El partido Vox, liderado por Santiago Abascal, ha manifestado su intención de no respaldar los decretos aprobados por el Gobierno español que buscan mitigar los efectos de la guerra en Irán, un conflicto que se ha intensificado recientemente. Abascal, en una declaración realizada el lunes, afirmó: “Nosotros no vamos a colaborar con la mafia de Pedro Sánchez”, subrayando su posicionamiento en contra de cualquier medida que surja del Ejecutivo, incluso si estas coinciden con las demandas del partido.
Este rechazo se hace notable en un contexto en el que el Gobierno intenta proteger a sectores como los agricultores y pequeños comerciantes, quienes enfrentan el aumento de los precios del gasóleo y del transporte. A pesar de este impacto directo en la economía de los ciudadanos, Vox ha optado por cerrar filas junto a sus aliados internacionales, como el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
Por su parte, Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular, también ha comenzado a distanciarse de la postura más beligerante de aliados como Estados Unidos e Israel, señalando que “la mayoría de los españoles no queremos la guerra”. En contraste, Vox sostiene que un mundo sin el régimen iraní es un mundo más seguro. Abascal ha dejado claro que respalda la lucha contra lo que considera terrorismo, alineándose así con las posiciones de Netanyahu.
El partido ha mantenido una estrategia de vinculación con el ultranacionalismo israelí, evidenciada en la reciente cumbre en Jerusalén donde una delegación de Vox fue calificada por Netanyahu como “hermanos en la lucha decisiva por el futuro del mundo”. En esta misma reunión, se presentó oficialmente la rama israelí de Patriots, un grupo ultra europeo que incluye a Vox, lo que refuerza la alianza entre estas formaciones.
A pesar de las críticas internas sobre su alineación con líderes como Netanyahu, el partido ha seguido apoyando abiertamente las políticas israelíes. La relación se ha concretado en acciones políticas, como la exigencia de Vox de suspender la ayuda a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos, un pedido que fue bien recibido por sectores que promueven los intereses del ultranacionalismo.
La beligerancia de Vox se ha manifestado en el Congreso, donde ha exigido la retirada de fondos destinados a la UNRWA, justificando sus acciones en base a denuncias de implicación de empleados de la ONU en actos terroristas, aunque estas no han sido respaldadas por pruebas contundentes. A pesar de este entorno, diferentes actores y lobbies, como ACOM, han aplaudido estas posturas de Vox y han colaborado en promover sus mensajes en el ámbito español.
La situación plantea un escenario complicado, ya que, aunque Vox se presenta como defensor de intereses nacionales, sus decisiones podrían tener repercusiones sobre la política exterior española y su relación con organismos internacionales. La estrategia del partido parece centrarse en consolidar su base de apoyo a través de un discurso que, a pesar de su radicalismo, encuentra resonancia en amplios sectores de la población que están preocupados por la situación económica y la seguridad.
Con las elecciones a la vista, el impacto de estas decisiones de Vox en su imagen y en su capital político permanecerá bajo el escrutinio de los votantes. La creciente polarización en la política española y la alineación de Vox con figuras internacionales controvertidas solo complican aún más un panorama ya tenso.





























