Guillermina Baeza, nacida en 1939 en Tánger, se ha convertido en un referente en el mundo de la moda, particularmente en la creación de trajes de baño. Su infancia en el protectorado de Marruecos durante las décadas de los 40 y 50 le permitió experimentar un ambiente cultural diverso, del cual recuerda la elegancia de las mujeres y la influencia del cine estadounidense. A pesar de no ser consciente en ese momento de su impacto, Baeza ha transformado esa experiencia en un impulso hacia el empoderamiento femenino a lo largo de su carrera.
“Siempre me ha atraído el conocer otras culturas y todo lo que tiene que ver con la espiritualidad y el desarrollo personal”, señala Baeza, una diseñadora autodidacta que ha ido más allá de la moda convencional. Su hija, Belén Larruy, actual responsable de la firma que lleva el nombre de su madre, destaca la importancia de la meditación en la vida de Guillermina, que ha sido parte de su proceso creativo desde que Larruy era pequeña.
La historia de Guillermina se remonta a su vida en Tetuán, donde su padre trabajaba como funcionario. Tras casarse con un militar catalán, se mudó a Barcelona, donde su esposo dejó su carrera en la banca para aventurarse en el mundo textil. Durante la década de los 70, comenzaron a fabricar bañadores utilizando lycra, un material innovador en ese momento. “Mi marido era un emprendedor y en los setenta compró los royalties de dos firmas francesas”, recuerda Baeza, quien se encargaba del diseño y la venta de sus productos por toda España.
Con la llegada de los años 80 y el auge de las marcas de moda en España, surgió la firma Guillermina Baeza. Su visión era integrar la ropa de baño en el prêt-à-porter, convirtiéndola en una verdadera declaración de moda. Además, Guillermina fue pionera en la implementación de campañas publicitarias creativas que ofrecían historias únicas sobre cada colección, en lugar de simplemente presentar una serie de prendas.
Un momento destacado en su carrera tuvo lugar en 1993, cuando introdujo alas de ángel en sus desfiles, anticipándose así a la famosa marca Victoria’s Secret, que haría algo similar dos años más tarde. Esta innovación no solo marcó una tendencia, sino que también reflejó su compromiso con la diversidad en la moda. “Para ella, los patrones deben funcionar en todas las tallas y han de embellecer el cuerpo de la mujer, priorizando siempre la comodidad”, aclara su hija.
A lo largo de su trayectoria, Guillermina Baeza ha tenido tres hijos, quienes recibieron la libertad de elegir sus propios caminos profesionales. Aunque solo Belén decidió seguir la tradición familiar y estudiar diseño, ambos han trabajado juntos en la empresa. “Trabajar al lado de mi madre ha sido un regalo”, menciona Larruy, quien resalta que su madre nunca ha tenido miedo al cambio y siempre ha estado abierta a nuevas ideas. “Para cada colección ella rompía con la anterior y empezaba desde cero”, añade, lo que demuestra la capacidad de evolución de Baeza.
Recientemente, la nueva colección Heritage fue presentada en la 080 Barcelona Fashion, coincidiendo con el 87.º cumpleaños de Guillermina Baeza. Esta línea rinde homenaje a sus diseños más icónicos y refleja su legado en la industria. Además, se ha anunciado que el 40.º aniversario de la firma se celebrará con una exposición en marzo de 2027 en el museo de Artes Decorativas de Madrid, que también podría trasladarse a Barcelona.
La historia de Guillermina Baeza es un claro ejemplo de cómo la pasión, la creatividad y la adaptabilidad pueden marcar la diferencia en el mundo de la moda. A medida que su legado continúa a través de su hija y la firma, se espera que su influencia siga presente en la industria, inspirando a futuras generaciones de diseñadores.
