El Teatro Darymelia de Linares fue escenario de una emotiva representación titulada “Las mariposas del alma”, a cargo de la compañía Aristoi. El evento generó un ambiente de recogimiento entre los asistentes, quienes parecían anticipar la profundidad de la obra que se iba a presentar. La función dejó una fuerte impresión al abordar el delicado tema del Alzheimer, un asunto que toca las fibras más íntimas de la memoria y el amor.
Bajo la pluma de Juan José Gallego Tribaldos y la dirección de Remedios Higueras, la narrativa de la obra se configura como un vuelo sutil, reflejando las experiencias de quienes viven con esta enfermedad. Las mariposas invisibles, símbolo del recuerdo y la fragilidad, representan los momentos de lucidez que a menudo se desvanecen en la penumbra del olvido.
La trama se centra en Aurelia y su familia, presentando un relato que no sigue una línea temporal definida. En lugar de eso, se despliega como un mosaico de recuerdos que se escapan, generando una atmósfera donde el tiempo se fragmenta. En medio de esta confusión, surgen gestos y palabras que desafían el olvido, creando un espacio donde el pasado y el presente coexisten de manera inusual.
El elenco ofreció una interpretación cargada de verdad, logrando comunicar la esencia del silencio que acompaña a esta enfermedad. El Alzheimer se convierte entonces en un lenguaje que va perdiendo fuerza, representando un hogar en el que las habitaciones se sumergen en la oscuridad. A pesar de esta adversidad, la obra brilla al encontrar destellos de ternura que iluminan el escenario y el corazón del público.
La velada, que logró llenar el teatro, sirvió también a un propósito solidario, destinando su recaudación a la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer ‘La Estrella’. Este gesto no solo alivia las necesidades materiales, sino que también ofrece un acompañamiento emocional, una forma de visibilizar las luchas cotidianas de los afectados y sus seres queridos.
Con la presencia de la concejala de Asuntos Sociales, Ángeles Díaz, la actuación trascendió el mero entretenimiento para convertirse en una reflexión sobre la condición humana. El teatro, al acercarse a la verdad humana, se transforma en un espejo que refleja las inquietudes y esperanzas de quienes enfrentan el Alzheimer.
Al final de la función, los aplausos resonaron no solo para los actores, sino también para Aurelia y todos aquellos que viven en el recuerdo, dejando una profunda huella en el alma de quienes presenciaron la obra. El acto fue un llamado a la empatía y un recordatorio de que, aunque la memoria pueda fallar, el amor perdura en el tiempo, como las mariposas que continúan batallando sus alas en los rincones más íntimos del ser.
