Desde hace más de diez años, Nuria Baeza, quien preside la cooperativa aeioLuz, trabaja en un modelo energético centrado en las personas y la sostenibilidad del planeta. Su enfoque combina la alfabetización energética, con acciones sociales y colaboraciones institucionales, para demostrar que es posible y necesario adoptar un modelo energético más justo y accesible, lo cual es fundamental para combatir las desigualdades y avanzar hacia una transición inclusiva.
La creación de aeioLuz surgió tras la identificación de la necesidad de vincular el cambio de modelo energético con el cambio social. Desde sus inicios, la cooperativa ha denunciado que el modelo energético vigente, tanto en el pasado como en la actualidad, ha causado injusticias sociales y climáticas. La dependencia de fuentes no renovables, como el petróleo y el gas, genera emisiones significativas de gases de efecto invernadero, lo que contribuye al calentamiento global y al cambio climático.
Además, la cooperativa ha promovido la idea de que la energía debe ser considerada un derecho humano, similar a la educación o la sanidad. En este sentido, aeioLuz subraya que un acceso mínimo a la energía es esencial para llevar una vida digna, dado que su ausencia puede alterar drásticamente la rutina diaria de las personas. La falta de comprensión sobre los contratos y tarifas energéticas entre la ciudadanía también se ha señalado como un problema, donde muchos no saben cómo negociar sus tarifas para lograr un ahorro y un impacto ambiental positivo.
Un aspecto clave de su trabajo es la alfabetización energética, que permite a los ciudadanos entender sus facturas y gastos energéticos. Este conocimiento se traduce en una mayor eficiencia en el consumo y en la posibilidad de hacer cambios que impacten positivamente en sus economías. Nuria Baeza enfatiza que comprender estos conceptos es crucial para abrir la puerta a la concienciación sobre el uso responsable de la energía y las alternativas más sostenibles.
La cooperativa también busca combatir la pobreza energética desde un enfoque distinto al asistencialismo tradicional. Al considerar la energía como un derecho, aeioLuz trabaja en colaboración con otras organizaciones para influir en las políticas públicas y proponer alternativas viables. Forman parte de ReDE (Red estatal por el Derecho a la Energía), donde llevan a cabo acciones para luchar contra la pobreza energética en coordinación con los servicios sociales y otros actores del tercer sector.
El modelo cooperativo que promueve aeioLuz sitúa a las personas en el centro de la acción. Este enfoque permite que los miembros de la comunidad sean proactivos y se conviertan en prosumidores, es decir, tanto productores como consumidores de energía. Las comunidades energéticas y el autoconsumo colectivo fotovoltaico están surgiendo como realidades donde los vecinos pueden generar y compartir su propia energía, fortaleciendo así el tejido social y la solidaridad entre ellos.
La colaboración con administraciones y empresas también es esencial para el éxito de sus proyectos. Gracias a estas alianzas, aeioLuz puede llegar a familias vulnerables que, de otra manera, no accederían a sus servicios. Sin embargo, la cooperativa se enfrenta al reto de vencer la desconfianza que existe en torno a los contratos energéticos, donde muchos ciudadanos han sido víctimas de desinformación.
Además, aeioLuz también ve el potencial de las comunidades energéticas como una herramienta para el desarrollo social y local. Estas comunidades pueden ir más allá del simple intercambio de energía, creando espacios para otros recursos y actividades, como grupos de consumo de alimentos o centros culturales, que fomentan el desarrollo local y la cohesión social.
Finalmente, la cooperativa aboga por un enfoque inclusivo en la transición energética. Nuria Baeza advierte que si no se abordan las desigualdades, los proyectos sociales no solo fallarán, sino que podrían empeorar la situación de los colectivos más vulnerables. Las decisiones que se tomen hoy en torno a la energía tendrán repercusiones significativas a largo plazo, y es fundamental que se reconozca la energía como un derecho esencial en la lucha por la justicia social y ambiental.
