El acto de conmemoración de la Constitución de 1978 tuvo lugar en el Congreso, donde se produjeron momentos destacados, como el saludo entre el expresidente socialista Felipe González y el actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Este encuentro se dio en el marco del besamanos, un acto tradicional en el que los asistentes tienen la oportunidad de saludar a los líderes presentes. Sin embargo, a pesar de las expectativas generadas por las tensiones recientes entre González y Sánchez, no hubo una conversación profunda ni una fotografía conjunta.
El expresidente González, quien ha sido un crítico abierto de la gestión actual, reafirmó sus comentarios en los que declaraba su intención de no votar a Sánchez en caso de que se presente nuevamente. Estas afirmaciones fueron realizadas tras su participación en una entrevista reciente, donde también abordó las declaraciones de la actual secretaria de Organización del PSOE, Rebeca Torró, que manifestó su desacuerdo con las críticas de González.
En el evento, González fue ubicado en una posición central del hemiciclo, ayudando a entrar al padre de la Constitución, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, quien tiene dificultades de movilidad. Por su parte, el expresidente del Partido Popular, José María Aznar, optó por asistir a la tribuna de invitados, donde se sentó junto a la actual presidenta del Consejo de Estado, Carmen Calvo. Cabe mencionar que otros expresidentes, como José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, no estuvieron presentes en la conmemoración.
Este tipo de actos no solo representan un momento de reflexión sobre la historia reciente de España, sino que también ofrecen un espacio para el intercambio de ideas y la construcción de puentes entre diferentes corrientes políticas. La ausencia de algunos líderes y la tensión entre otros subrayan las divisiones que aún persisten en la política española.
Las imágenes que surgen de estos encuentros son a menudo objeto de análisis mediático, reflejando la complejidad de las relaciones políticas en el país. En un contexto donde la política se encuentra en constante evolución, cada gesto y saludo cobra un significado que trasciende lo protocolario, alimentando debates sobre el futuro de la democracia y la gobernanza en España.





























