Andalucía continúa desafiando los estereotipos, posicionándose como una de las comunidades autónomas con la menor tasa de absentismo laboral en España. Esta afirmación se respalda en el informe titulado ‘Situación del absentismo en España en 2026’, realizado por la consultora Synergie, que concuerda con otros estudios que han indicado que en el sur del país se registran menos jornadas laborales perdidas en comparación con otras regiones.
La tasa de absentismo en Andalucía se sitúa actualmente en un 6,6%, lo que la coloca en el cuarto lugar de las más bajas a nivel nacional. Este porcentaje es cinco décimas inferior a la media del país, que se establece en un 7,1%. Solo Baleares (6%), Madrid (6,1%) y La Rioja (6,2%) presentan cifras más favorables. Las bajas por enfermedad suponen un gran peso en estos datos, ya que han experimentado un aumento significativo en los últimos cinco años, según la Encuesta Trimestral de Coste Laboral del INE, correspondiente al cuarto trimestre de 2025.
Las bajas relacionadas con enfermedades han sido las que han impulsado este incremento en las cifras. No se deben a un aumento en el número de solicitudes, sino a que los periodos de inactividad se han alargado notablemente. Es particularmente alarmante la tendencia en lo que respecta a las patologías psiquiátricas, donde el tiempo medio de incapacidad ha crecido de 67 días a 98,5 días en 2024. Aunque el 70% de los trabajadores no han reportado ninguna baja, un pequeño sector del 3,7% de la plantilla acapara casi un tercio de todos los procesos de incapacidad temporal.
En el ámbito autonómico, las comunidades con mayores tasas de absentismo son Canarias y Galicia, con cifras del 9,1% y 8,6%, respectivamente, muy por encima de las mencionadas. El análisis también resalta una correlación entre el tamaño de las empresas y las ausencias, con las grandes organizaciones, aquellas que superan los 250 empleados, siendo las más afectadas, acumulando el 35% de las jornadas perdidas en el país.
En Andalucía, el sector industrial presenta las tasas más elevadas de absentismo, con una media de 27,9 horas no trabajadas por empleado al mes. Le sigue la construcción con 25,3 horas y, en tercer lugar, los servicios, que registran 23,2 horas. La posición favorable de la región en cuanto a absentismo se atribuye a varios factores, como una población menos envejecida y una estructura empresarial que se compone en gran medida de pequeñas y medianas empresas, lo que conlleva menores costes laborales. Según Silvia Balcells, CEO de Synergie España, esto no implica que Andalucía no sufra el aumento general del absentismo, ya que se trata de una tendencia creciente a nivel global.
La responsable de la consultora apunta que “el absentismo no es solo un problema de salud, sino también un reflejo del compromiso y conexión de los empleados con la organización, lo que impacta directamente en la productividad”. Para abordar esta problemática, Balcells sostiene que se requiere un enfoque más integral, en lugar de limitarse a soluciones administrativas o de control de bajas. Propone que se transformen las empresas en espacios que prioricen la salud mental y fomenten un liderazgo empático, con el objetivo de cerrar la brecha que existe con Europa y asegurar la sostenibilidad económica.
El informe también pone de relieve el impacto económico del absentismo, estimando que el volumen de horas no trabajadas tiene un coste masivo para la economía nacional, con un impacto que alcanza los 92.000 millones de euros, representando un 5,8% del PIB. En el ámbito empresarial, los costes directos, que incluyen prestaciones y complementos de convenio, superaron los 32.000 millones de euros en el último ejercicio.
Entre las conclusiones del estudio destaca un patrón claro en la tramitación de las ausencias, con más de una de cada cuatro bajas (27,4%) produciéndose los lunes, lo que sugiere un “efecto lunes” derivado del acumulado del fin de semana. La antigüedad en la empresa también juega un papel crucial, ya que cerca del 70% de las bajas se concentran en trabajadores con menos de tres años, indicando que este periodo de adaptación es crítico para la salud laboral.
A pesar de que las bajas cortas son las más comunes, los procesos prolongados están en aumento; de hecho, los periodos de inactividad de más de 180 días han crecido un 19,1% desde 2018, representando ya el 34% de todas las jornadas no trabajadas. La situación es compleja y sugiere la necesidad de abordar el absentismo no solo como un asunto administrativo, sino como un fenómeno que requiere un cambio cultural dentro de las organizaciones.


























