La tarde del 28 de abril, la Calle Virgen de la Cabeza en Jaén se convirtió en el escenario de una emotiva concentración en homenaje a las víctimas de accidentes laborales. Este acto no solo conmemoró a los fallecidos, sino que también recordó especialmente a Carlos Do Santos, un obrero portugués que perdió la vida en 2007 en la construcción del Corte Inglés. La concentración fue organizada por diversos movimientos eclesiales y miembros de distintas pastorales, quienes se unieron en defensa de la dignidad laboral.
Durante el evento, se exhibió una pancarta conmemorativa y se portó una gran cruz, acompañada de trece cruces más pequeñas que representaban a las víctimas de accidentes laborales en 2025. Se recordó a los doce trabajadores muertos en la provincia de Jaén y a las víctimas del crimen laboral en la Fábrica de Uranio de Andújar, un caso aún sin resolver. Las cruces formaron un círculo simbólico de memoria, respeto y compromiso.
El acto incluyó un comunicado que fue leído por el Delegado de la Pastoral del Trabajo, D. Bartolomé Mateos. Se guardó un conmovedor minuto de silencio y se compartió un mensaje del Papa Francisco dirigido a la asociación ANMIL, que subrayó la importancia de la seguridad laboral: “la seguridad en el trabajo es como el aire que respiramos: nos damos cuenta de su importancia solo cuando falta de forma trágica”. La oración final del acto hizo un llamado por el consuelo de las familias afectadas, así como por un compromiso firme para que el trabajo sea siempre un espacio de vida y no de muerte.
La concentración finalizó con una procesión silenciosa hasta la Parroquia de El Salvador, donde se celebró una eucaristía a las 20:30 horas en conmemoración del 1º de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, bajo el lema “Ante la exclusión, trabajo decente”. La celebración eucarística comenzó con una monición de entrada leída por una persona migrante, lo que visibilizó la vulnerabilidad de este colectivo en el ámbito laboral. Durante la liturgia, se fomentó una participación activa y comprometida con la realidad social actual.
En la homilía, el párroco D. Francisco Rosales hizo una reflexión profunda, animando a los fieles a ser “testigos de Jesús en el mundo laboral”. Destacó que las diversas situaciones laborales pueden ser percibidas como una carga o como una vocación, instando a los presentes a cuestionarse: “¿qué me quiere decir Dios en estas circunstancias?”. Resaltó la importancia de “acompañar a las víctimas, sostener la esperanza y ser una Iglesia en salida”, abogando por un salario justo y un entorno laboral que fomente la vida y el encuentro en lugar de la muerte y el enfrentamiento.
El párroco enfatizó que en el trabajo “nos salvamos juntos”, refiriéndose a la responsabilidad compartida de trabajadores, empresarios, políticos y técnicos, iluminados por los valores del Evangelio. También instó a los presentes a no dejarse “tapar por los ruidos del mundo”, y a mantener viva la fe y una sensibilidad social profunda, recordando que en las víctimas “está el Señor”. Finalmente, animó a renovar el compromiso cristiano: “el Señor nos manda como obreros y testigos de su mies”.
Durante el ofertorio, se presentaron varios símbolos cargados de significado, como el pan y el vino representando el trabajo humano, una cartulina con una cita de la exhortación apostólica “Dilexi te” del Papa León XIII sobre la dignidad del trabajo, y una lámpara encendida que simbolizaba esperanza y solidaridad ante la precariedad y discapacidad.
Al concluir la celebración, se leyó un manifiesto del 1º de mayo que con claridad denunció que “nadie debería perder la vida por ganarse el pan”. El texto dio voz a quienes viven en condiciones laborales precarias y a aquellos desempleados, especialmente entre la población migrante. Reafirmó que el trabajo debe cuidar la vida y no ponerla en riesgo, exigiendo responsabilidad institucional y un compromiso claro por parte de las empresas para asegurar condiciones laborales dignas, seguras y justas.
La jornada culminó en un ambiente de recogimiento y esperanza, con el coro parroquial contribuyendo a crear un clima de oración y comunidad. Con este acto, la Iglesia de Jaén vuelve a alzar la voz en defensa de la vida, la dignidad y la justicia en el ámbito laboral, invitando a todos a participar en la manifestación del 1º de mayo para reclamar un trabajo digno y una vida plena, en un compromiso que une fe y vida.



























