En la actualidad, los olivareros de Jaén se encuentran inmersos en la recolección de la cosecha de aceitunas, un trabajo que se ha vuelto particularmente arduo debido a las inclemencias del tiempo. A medida que los agricultores se esfuerzan por completar esta campaña, se enfrentan a un reto significativo: las aceitunas están contaminadas con barro, piedras y restos vegetales, lo que complica el proceso de extracción del aceite.
Antonio Guzmán, gerente de Cooperativas Agroalimentarias de Jaén, ha reconocido que esta problemática ha sido comunicada por varias cooperativas de la región. La limpieza del producto se ha convertido en una tarea laboriosa y, en algunos casos, los operarios deben ser extremadamente cuidadosos para evitar daños a la maquinaria, lo que a su vez retrasa la producción.
La situación es preocupante, ya que algunas cooperativas han enviado mensajes a sus socios solicitando que traigan las aceitunas lo más limpias posible. Un ejemplo de esto es la SCA Agrosegura, cuyo presidente, José Manuel Palomares Muñoz, ha indicado que nunca antes habían enfrentado una situación de tal magnitud. «Pesamos 300.000 kilos y la mitad es literalmente de barro, piedra y restos vegetales. Al llegar a la almazara forman una especie de hormigón espeso que dificulta mucho la producción», detalla Palomares.
El impacto de este fenómeno no se limita a la lentitud en el ritmo de trabajo. La mezcla de residuos causa daños en la maquinaria utilizada, lo que ha llevado a la rotura de varios equipos, incluidos molinos y cintas. «Es un gasto que la cooperativa tiene que sufragar. Aunque no hemos contratado más personal, hemos solicitado a los operarios de fábrica que salgan a ayudar en la recolección», añade Palomares, destacando la urgencia de minimizar pérdidas tras el temporal.
Ante esta situación, las cooperativas han intensificado sus esfuerzos para limpiar las aceitunas. Se han visto obligados a realizar dos pasadas en las duchas de limpieza para asegurar que el fruto llegue en condiciones óptimas a la almazara. «El aceite resultante será lampante, pero cuanto menos barro lleve pegado, mejor será su calidad», explica Palomares.
Pese a los desafíos, Guzmán ha instado a no caer en el alarmismo. «Las cooperativas están preparadas para tratar la aceituna. Iremos más lentos y con cuidado, pero no habrá grandes problemas», asegura el gerente, resaltando la experiencia del personal en la gestión de estos contratiempos. En cuanto a la producción, los responsables de las cooperativas no anticipan problemas de abastecimiento, ya que un 70% de la producción ya se ha recolectado y era de «virgen extra de calidad».
A pesar de esto, Palomares ha indicado que las pérdidas en su cooperativa oscilan entre el 12 y el 15%, con la posibilidad de aumentar hasta el 17% si la recolección continúa al mismo ritmo. «Prevemos un descenso en el precio del lampante y un aumento en el virgen extra. En cierto modo, esto puede ser positivo, ya que es una llamada de atención para que el agricultor apueste por la calidad», comentó Palomares.
Desde las Cooperativas Agroalimentarias se considera cada vez más complicado alcanzar el aforo inicial de 475.000 toneladas de aceite de oliva en la provincia de Jaén, tras una serie de borrascas que han afectado las estimaciones. Actualmente, el techo máximo se calcula en torno a las 400.000 toneladas, lo que podría marcar un año atípico en la producción de aceite en la región.
El panorama actual es un recordatorio de la fragilidad del sector olivarero ante las inclemencias del tiempo y la necesidad de adaptarse a estas adversidades. La experiencia y la capacidad de respuesta de las cooperativas serán cruciales para atravesar esta campaña con la mayor eficacia posible.





























