El investigador Andrew Hill, del Royal United Services Institute (Rusi), planteó una inquietante pregunta durante el cierre de la jornada titulada Europa ante las nuevas amenazas, organizada por la Fundación FAES, presidida por el expresidente José María Aznar. Su interrogante, «¿Qué hará España si Marruecos adquiere el arma atómica?», resuena en un contexto internacional cada vez más complejo y volátil. Este evento contó con el patrocinio del Ministerio de Asuntos Exteriores y reunió a expertos en defensa y seguridad.
La situación actual se caracteriza por un desmoronamiento del orden internacional establecido. Estados Unidos, que ha sido el pilar de este sistema, está alterando las dinámicas tradicionales, generando tensiones en la relación transatlántica. Europa, que enfrenta la amenaza de Rusia, exhibe una falta de cohesión alarmante, donde los temores sobre la agresión rusa son inversamente proporcionales a la distancia geográfica: a medida que uno se aleja de la frontera rusa, la percepción del riesgo disminuye notablemente.
En este marco, la influencia de China va en aumento, lo que complica aún más la estrategia de seguridad de Europa. La guerra moderna está evolucionando, impulsada por la digitalización, la inteligencia artificial y el uso de drones, lo que exige una respuesta más robusta y unida por parte de los países europeos. En este contexto, el papel de España es objeto de debate. La postura del presidente Pedro Sánchez en crisis internacionales, como en Gaza e Irán, le ha proporcionado ciertos apoyos, aunque su acercamiento a China ha generado críticas entre sus pares europeos.
El excomandante del Centro de Operaciones Aéreas Combinadas Sur de la OTAN, el teniente general en la reserva Rubén García Servert, advierte sobre la fragilidad de las capacidades defensivas de España. Según él, el país enfrenta serias carencias en sus fuerzas armadas, no solo en número de efectivos, sino también en cohesión social, mencionando que hay sectores que pueden alinearse con el enemigo ante amenazas evidentes. «Necesitamos un rearme moral para defendernos», afirma García Servert, quien subraya la necesidad de forjar alianzas con aquellos que comparten los mismos valores democráticos y de derechos humanos.
García Servert identifica cinco amenazas reales que enfrenta España: el riesgo de conflicto armado, la guerra híbrida, el terrorismo, el crecimiento del crimen organizado y la inmigración descontrolada. Critica la falta de consenso en torno a la defensa nacional, especialmente en lo que respecta a las relaciones con aliados, sugiriendo que cualquier declaración de Estados Unidos acerca de no responder a una amenaza podría desencadenar una crisis significativa.
Aunque el presidente Sánchez ha rehusado aumentar el gasto en defensa al 5% del PIB, el teniente general prevé que este capítulo experimentará un aumento notable en los próximos años, lo que implicará sacrificios en el Estado del bienestar. Mientras tanto, Luis Simón, del Elcano, sostiene que la situación no es tan grave como se retrata, mientras que Florentino Portero, de la Fundación Civismo, señala que España enfrenta desafíos específicos ligados a su geografía e historia en el contexto de la Unión Europea.
La conclusión de la jornada fue marcada por el regreso a la inquietante pregunta de Andrew Hill, destacando una vez más la incertidumbre que rodea el futuro defensivo de España en un mundo donde las amenazas son cada vez más complejas y multifacéticas. La necesidad de una política de defensa cohesiva y eficaz es más urgente que nunca, y los próximos años serán cruciales para definir el papel de España en el escenario internacional.


























